martes, 14 de marzo de 2017

Interconciencia Historia, Capítulo 1 (1)

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Interconciencia Historia Verfractal

El momento


La tarde caía y el cielo conseguía poco a poco su color anaranjado. Al fondo las pequeñas montañas con poca vegetación, fruto de un clima cálido, pero también mermada por la actividad minera que durante al menos 3000 años se había llevado a cabo en
la zona, en busca principalmente de plata, zinc, y otros metales especialmente poco apreciados por la flora. El mar, entre las montañas, aparecía en calma reservando fuerzas para el largo verano que asomaba.
En la parte alta de la ciudad, justo en frente al puerto, se eleva un edificio de 7 alturas. Su planta recuerda a los antiguos edificios oficiales, pues en origen eso había sido, pero ya hacía años que fue reconvertido en la sede de una fundación privada.
Su estilo se podría definir como barroco, rico en detalles y símbolos, que los viandantes confunden con simples adornos. Sus colores le dan un toque dramático, especialmente con las cortinas gruesas de terciopelo visibles en los amplios ventanales, y le hacen imponer su presencia entre los anodinos bloques de viviendas colindantes.
Desde un salón en la última planta, se tiene una excepcional vista de sobre el puerto y las montañas que lo protegen, un lugar milenario y deseado por muchas civilizaciones. Sin embargo la ciudad nunca fue bendecida por una vida abundante a pesar de su importancia.

-El mundo se oscurece. Cada día que pasa, la vida en este mundo es más pobre.

-¿Se refiere a la economía, Cuidador?

-No, me refiero a la vida Humana. Cada día que pasa la vida que vivimos es más robótica, está programada. Todos nuestros gustos y nuestras posibilidades de actuar en esta vida son programadas por eficientes técnicos, que incluso tienen en cuenta las
"anomalías" que pueden suceder, para clasificarlas, y darles un camino a seguir, un protocolo. Hace mucho tiempo que terminaron los días en que un Ser Humano llegado a este planeta podía seguir sin dudarlo lo que su Ser venía a hacer. Si hoy naciese un Aníbal en este planeta capaz de enfrentar a Roma sería adoctrinado en las costumbres imperantes antes de cumplir los dos años. Y de insinuar su bravura, sería degradado a inadaptado y delincuente antes de los dieciséis.

El Cuidador dio unos pasos y se acercó al ventanal.

-Mira esos pasos pequeños barcos Hugo, esos veleros que alguien se compró para navegar, pero que casi nunca lo hacen. ¿Crees que merece la pena ser velero y no navegar? ¿Es una buena vida para un velero servir de lugar para beber con los amigos los domingos aburridos sin ni siquiera soltar amarras?

-No lo sé cuidador, supongo que para un gran velero no lo sería, pero a un pequeño velero quizás sí le parezca algo razonable, después de todo no está tan preparado para navegar como otros de mayor clase.

El Cuidador miró a Hugo con atención, y sonrió levemente.

-Es una gran apreciación querido amigo. Desde luego es la variedad en las vivencias lo que hace merecer la pena el paso por este escenario, incluso aunque sea para beber cerveza. Pero en este punto parece que los veleros ya solo sirven para beber cerveza, y ninguno navega. Y qué pasará con el mar  cuando ya no navegue ningún velero...

-Existen muchas clases de barcos, Cuidador.

-Desde luego, esos engendros eficientes y ruidosos, que convierten el mar en una autopista. Una autopista de robots.

En el tono de voz del Cuidador se pudo adivinar un ligero tono de repulsa al referirse a las máquinas.

-Algún día -continuó- el mar ya no existirá, pues no habrá nadie que lo mire.

El pitido sordo del intercomunicador interrumpió la conversación, y ahorró al ayudante el esfuerzo de reconocer que no entendía esa frase, sabiendo que contenía un mensaje del todo cierto. Sus años al servicio de la fundación le enseñaron a comprender que la visión del mundo habitual era muy pobre comparada con la que habitaba entre aquellos muros, y en ocasiones pudo comprobar cómo cuestiones en principio difíciles de creer se tornaban realidad ante sus propios ojos.

-Cuidador, los invitados han llegado. Ya se encuentran en la sala "Hermes". -dijo la voz de la recepcionista a través del aparato-.

-Gracias Marian, ahora mismo les acompaño -respondió el Cuidador-.

Se despidió del ayudante con una mirada y una sonrisa, y caminó hacia la sala de donde se realizaban las reuniones, en la planta quinta. Su aspecto al moverse por aquellos pasillos podría bien ser la inspiración de un cuadro de principios del siglo XVIII: un hombre adulto, del que es difícil saber si había cumplido la cuarentena o la ha sobrepasado, de profunda mirada y cabello de intenso color castaño. Su rostro muestra formas redondeadas y marcadas, que encajan a la perfección en las ropas de colores fríos, con una chaqueta estilo americana de terciopelo color azul oscuro, y sus característicos brillos. Acorde a este estilo personal, el edificio había sido adornado con el paso de los años de una forma similar, a semejanza de su primer inquilino y fundador, y se podían ver muebles de delicada manufactura, siempre manual, una moqueta digna de una casa real, y ciertos adornos dorados en las paredes realizados con gusto y ligereza, un delicado equilibrio entre lo complejo y lo simple. Algún día, con la llegada del relevo, este delicado conjunto sería cambiado y dejaría paso a la presencia de una nueva dirección.


2 comentarios:

  1. Me recuerda a la ciudad donde vivo, Zacatecas México

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  2. Muchas gracias amigos. Qué maravillosa iniciativa!

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